Rita Hayworth, la estrella más deseada de Hollywood

Rita Hayworth, la estrella más deseada de Hollywood

Fue la más deseada, pero también la más infeliz de las estrellas del Hollywood dorado. Odiaba ser actriz y aunque se casó cinco veces, jamás se sintió querida. A 30 años de la muerte de Rita Hayworth, su mito sigue vivo. Porque pese a una vida marcada por una infancia triste y una celebridad trágica, ella siempre será Gilda.

Había olvidado todo. Quién había sido, a quiénes había seducido, cómo conquistó Hollywood, de quién se enamoró y quién le hizo sufrir. Se le olvidó que estuvo casada cinco veces. Que protagonizó quitándose un solo guante, probablemente, la escena más sensual de la historia del cine.

Que fue tan famosa entre los soldados de la Segunda Guerra Mundial que llegaron a pegar su foto en una bomba atómica provocándole el disgusto de su vida. Seguramente, también se le olvidó que fue una mujer profundamente desdichada. Rita Hayworth murió el 13 de mayo de 1987 sin recordar nada, víctima del Alzhéimer.

Para entonces, sus días de gloria hacía mucho que habían terminado. Solo era una mujer desorientada, desaliñada y sin conciencia de sí misma. Durante años, su familia había atribuido un comportamiento cada vez más errático al alcoholismo que la acompañó durante gran parte de su vida. Pero su adicción a la bebida escondía un problema más grave.

“Tenía ataques de furia y yo pensaba que era una especie de demencia alcohólica. Fue un alivio cuando nos dieron un diagnóstico: Alzhéimer. No fue diagnosticada hasta 1980. Antes de eso, hubo dos décadas de infierno”, explicó después de su muerte su hija, Yasmin Khan. No fue un final feliz. Su vida tampoco lo había sido.

Nació en el barrio neoyorquino de Brooklyn en 1918 y fue inscrita en el registro civil como Margarita Carmen Cansino. Su padre, Eduardo, era un bailarín y actor español que había dejado atrás el pueblo sevillano de Castilleja de la Cuesta para hacer las Américas con su hermana.

En Nueva York, conoció a la bailarina Volga Hayworth, en Broadway, y se casó con ella. Eduardo siempre quiso que su hija fuera bailarina. “Desde que pude mantenerme en pie con tres años, recibí clases de baile. No me gustaba, pero no tenía el valor de decírselo a mi padre. Ensayar, ensayar y ensayar. Así fue mi infancia”, explicó Hayworth.

En 1927, toda la familia se trasladó a Hollywood, donde Eduardo abrió su propia escuela para enseñar a bailar a las estrellas de la época. Pero cuando la Gran Depresión hundió el negocio en 1929, cambió de planes y formó un dúo de baile junto a su hija, que nunca volvió a pisar el colegio.

Actuaban en Tijuana, pues Margarita era demasiado joven para hacerlo en los clubes de Los Ángeles. Todo el mundo les tomaba por un matrimonio porque le había prohibido llamarle papá en público y, con apenas 12 años, le obligaba a vestirse y a maquillarse como una mujer.

Aquella solo era la perversa escenificación de una realidad mucho más siniestra, pues la actriz sufrió abusos sexuales por parte de su padre durante años. En uno de aquellos clubes nocturnos, Winfield Sheehan, mandamás de Fox, la descubrió, le hizo una prueba y le cambió el nombre por primera vez.

Rita Cansino debutó bailando sensualmente en ‘El infierno de Dante’ con 16 años. Tras rodar un puñado de cintas menores, Darryl Zanuck, nuevo jefe del estudio al fusionarse con 20th Century, rescindió su contrato después de que Rita se negara a acostarse con él.

Fue entonces cuando Edward Judson, un magnate petrolero con contactos en Hollywood, entró en su vida para pasearla por las fiestas, pagar a los fotógrafos para que la inmortalizaran en las revistas y obrar la metamorfosis de la estrella.

Bajo su protección, Rita volvió a cambiarse el nombre, adoptando el apellido materno. Se tiñó la melena azabache de pelirrojo y se sometió a dolorosas sesiones de electrólisis para retroceder el nacimiento de su cabello y así despejar su frente y resaltar su mirada. Se casaron en Las Vegas cuando la actriz cumplió 18 años.

El enlace enfureció a su padre. Como él, Judson, que olvidó mencionar que había estado casado dos veces, solo veía a Rita como “una inversión”, tal y como reconocería años más tarde. Aunque le consiguió un contrato con Columbia, la actriz tuvo que aguantar sus amenazas y que ofreciera su cuerpo y sus encantos a cualquier hombre dispuesto a promocionarla.

“Él me ayudó con mi carrera y se ayudó a sí mismo con mi dinero”, dijo Hayworth, a quien Judson obligó a cederle la mayoría de sus propiedades dejándola en la ruina tras su divorcio en 1942. Para cuando se libró de él, otro hombre mezquino había entrado ya en su vida.

Era Harry Cohn, jefe de Columbia, y se había obsesionado con ella después de verla en ‘Solo los ángeles tienen alas’. Él la acosaba, ella le rehuía y él se vengaba con saña humillándola en público, instalando micrófonos en su camerino para espiarla o peleándose por su salario.

Pero, con un contrato exclusivo en su poder, Cohn era su dueño. “Era muy posesivo conmigo. No quería que saliera con nadie o que tuviera amigos. Así que luché contra él. Era un monstruo”.

Profundamente desdichada, pero ya convertida en una estrella gracias a cintas como ‘Sangre y arena’, las cartas de sus fanes llegaban por centenares y pronto se convirtió en la pareja de baile de estrellas como Fred Astaire o Gene Kelly.

Orson Welles se enamoró de ella antes de conocerla en persona. Su foto, en la portada de la revista ‘Life’, fue suficiente para que el director, que entonces estaba rodando una película en Brasil, jurara que se casaría con ella a su vuelta a EE.UU.

Así fue. Vestida con un traje beis, una blusa blanca y un velo, la actriz y el director se casaron en 1943. En Hollywood, se les conocía como “la bella y el cerebro”. Tuvieron una hija, Rebecca, pero Welles renegaba de sus obligaciones como padre y le era infiel.

“Llegó a decirme que nunca deberíamos habernos casado, porque yo interfería con la libertad de su estilo de vida”, explicó la actriz sobre su segundo marido, del que se divorció en 1948. Dos años antes, su minimalista ‘striptease’ de un solo guante en ‘Gilda’ la había convertido en la mujer más deseada del planeta.

“Los hombres se van a dormir con Gilda y se despiertan conmigo”, dijo en una frase para la posteridad que dejaba claro el abismo entre la sex symbol y la chica tímida y con complejos que se escondía bajo los trajes de lentejuelas.

Estaba cansada de Hollywood, de ser actriz y de complacer a todos menos a sí misma. Quizá por eso, se dejó seducir por el príncipe ‘playboy’ Aly Khan. Pero el espejismo duró poco y el matrimonio, unos cuatro años. Su tercer divorcio la sumió en una espiral destructiva alimentada por el alcohol y dos relaciones tóxicas más.

Al bailarín argentino Dick Haymes le conoció cuando él aún estaba casado. Hayworth terminó pagando todas sus deudas y se casó con él para evitar que fuera deportado. Jamás se lo agradeció.

Su matrimonio se terminó el día que Haymes le dio una bofetada en público. Su último marido, el productor James Hill, no la trató mejor. Él mismo reconoció en sus memorias que su matrimonio fracasó porque ella quería olvidarse de Hollywood y él se empeñó en que siguiera rodando.

Tres años después de darse el ‘sí quiero’, la actriz solicitó el divorcio alegando “crueldad mental”. Charlton Heston fue testigo de ello y lo contó en uno de sus libros cuando rememoró una cena que él y su mujer mantuvieron con el matrimonio en España y que, según Heston, fue “la noche más vergonzosa de mi vida”. Mientras Hill abusaba verbalmente de la actriz, ella “se consumía en un mar de lágrimas y enterraba su rostro entre las manos”, escribió Heston.

En 1961, divorciada por quinta vez, su incipiente enfermedad empezó a manifestarse. Aunque siguió actuando, cada vez tenía más problemas para recordar sus diálogos y, en una ocasión, fue incapaz de reconocer a su ex marido, Orson Welles, cuando este se acercó a saludarla.

Había empezado su ocaso. Alcoholizada, envejecida y triste, una foto suya después de protagonizar un incidente en un avión en el aeropuerto de Heathrow, en Londres, convirtió su tragedia personal en chascarrillo público en 1976.

No quedaba nada de Gilda ni de Rita Hayworth. Ni si quiera de Margarita Cansino. Su declive duraría otros 10 años. “Lo único que he querido siempre es lo mismo que quiere todo el mundo: ser amada”. Fue la diosa del amor, pero nunca se sintió querida.

Comentarios

Social Media Auto Publish Powered By : XYZScripts.com