Enrique Metinides fotógrafo legendario de nota roja

Enrique Metinides fotógrafo legendario de nota roja

La cineasta británicomexicana Trisha Ziff presentó en el festival canadiense Hot Docs su documental El hombre que vio demasiado, sobre Enrique Metinides, fotógrafo mexicano de nota roja.

En el documental de 86 minutos se muestra la trayectoria de este fotógrafo de nota roja, desde sus primeras imágenes de accidentes, a los nueve años de edad, hasta los últimos incendios que cubrió, de los cuales salió vivo de milagro, gracias a la Virgen de Guadalupe.

Metinides, de 82 años, contó que su primera fotografía fue de una cabeza separada del cuerpo, testimonio que llevó a la directora londinense a preguntarse ¿dónde estaba la mamá de este niño de nueve años?

Cuando tenía diez años, mi papá tenía una tienda que, entre otras cosas, le vendía cámaras y rollos a los turistas. La tienda estaba en el centro de la ciudad, en Avenida Juárez, frente a la Alameda Central. En los cuarenta, cuando derribaron el edificio en el que estaba la tienda de mi padre para construir una tienda departamental, él me regaló una cámara que no había vendido y una bolsa llena de rollos. Empecé a tomar fotos en el centro de la Ciudad de México.

Fue por esos tiempos que empecé a tomar fotos de autos chocados. Cuando había un accidente en la ciudad, la policía remolcaba los autos a la estación de policía en el centro. Yo me iba para allá a tomarles fotos. Era un gran fanático de las películas de gángsters, Al Capone, y cualquier tipo de película policiaca. Solía ir a ver películas en los cines del centro. Esas películas me fascinaban.

Un año después de que empecé a tomar fotos, mi papá abrió un restaurante y los policías de la zona iban a comer ahí todos lo días. Conocí a muchos de ellos, y empezaron a llevarme a la estación para tomar fotos de las personas a las que habían arrestado, y de los cadáveres que recogían.

Recuerdo que un día, cuando tenía 11 años, fui a la estación y acababan de llevar a un tipo que había sido decapitado en las vías del metro. Alguien había amarrado su cuello y la llanta del metro le pasó encima. Era la primera vez que veía un cadáver de cerca. Le tomé una foto con su cabeza en sus manos. Después, cuando empecé a trabajar en las escenas de crimen como asistente de fotógrafo, veía 30, 40, 50 cadáveres al día.

En ese entonces realmente quería ser periodista y cubrir los crímenes, y me gustaba recolectar historias de crímenes que salían en las noticias de todo el mundo. Las recortaba del periódico y las pegaba en un álbum que tenía. Un día, hubo un choque junto al restaurante de mi papá en San Cosme. Salí corriendo a tomar fotos. También llegó un fotógrafo de La Prensa a tomar fotos, y cuando me vio ahí, me invitó a trabajar como su asistente en el periódico. Así obtuve mi primer trabajo.

Empecé a tomar fotos por toda la ciudad, y el periódico siempre usaba mis imágenes porque les parecían las mejores tomas. En ese entonces todavía estaba en la escuela. Cuando cumplí 14 años ya era asalariado de otro periódico importante: Zócalo, y trabajaba para revistas importantes de nota roja como Alarma!, Crimen, y Nota al Crimen.

Yo fui el primer fotógrafo en México en tener un radio en mi coche. En cuanto se avisaba a la policía sobre un crímen yo ya sabía el lugar exacto y a veces llegaba antes que ellos. Cuando llegaba a la escena del crimen tomaba fotos de la casa, el arma, los testigos, los curiosos, las fotos de las víctimas cuando estaban con vida, de todo. Incluso le daba mis fotografías a la policía para sus investigaciones. Una vez resolvieron un crimen gracias a una de mis fotos.

Yo tomaba fotos de la gente que se acercaba a ver la escena del crimen, los curiosos. En una ocasión, fotografié a todos los curiosos en una escena del crimen y resultó que en una de las fotos estaba el asesino, quien también era el mejor amigo de la víctima y había dicho estar fuera de la ciudad el día del homicidio. Estaba en la foto viendo la escena, pero cuando lo interrogaron juró que había estado fuera de la ciudad visitando a unos amigos.

 

 

Exposición museo del Estanquillo

 

 

 

 

De niño veía 30 o 40 cadáveres diario y me acostumbré, rememoró el fotógrafo octogenario, quien ahora colecciona y juega con carritos de ambulancias, de bomberos y de policía.

Su primera cámara fue una de marca alemana que sólo tomaba 12 fotos. Tras más de 50 años de carrera, aseguró que no es fotógrafo ni reportero, sino un hombre con suerte de rana, que a veces guardó la cámara y ayudó a los rescatistas a cargar heridos.

El documental ha ganado el premio Guerrero de la Prensa en el Festival Internacional de Cine de Morelia y tiene dos nominaciones para el Ariel (Mejor Documental y Mejor Música).

La cineasta Ziff, quien radica en la Ciudad de México desde 2005, definió a Metinides como un fotógrafo con un ojo extraordinario, que pudo captar durante medio siglo imágenes que reúnen una narrativa en una sola; es un fotógrafo intuitivo y dotado.

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